América Latina fue durante décadas el gran granero de conversos para los testigos de Jehová. Pero las cifras de los últimos años muestran una tendencia que la propia organización no puede ocultar: cada vez menos jóvenes se quedan, y muchos de los que crecieron en esta religión terminan abandonándola en la adultez temprana. La combinación de secularización regional, acceso a internet y denuncias de exmiembros está golpeando de lleno a una de las minorías religiosas más numerosas del continente.
Un crecimiento que se frenó en seco
Según los propios informes anuales de la Watch Tower Bible and Tract Society —la organización que dirige a los testigos de Jehová—, la membresía mundial se ha estancado en torno a los 8,5 millones de publicadores activos, con picos cercanos a los 9 millones de miembros bautizados. El dato llamativo no es el tamaño, sino el ritmo: en países como México, considerado uno de los bastiones históricos del movimiento en la región, el crecimiento reportado para el año de servicio 2024 fue de apenas un 1%, casi idéntico al de otros países de la lista, lo que analistas independientes atribuyen más a personas que regresan tras un tiempo de inactividad que a conversiones genuinas de nuevos fieles.
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Este freno no es nuevo. Un análisis de las estadísticas oficiales de la organización entre 1996 y 2005 reveló que, pese a haberse registrado casi 3 millones de bautismos en esa década, el incremento neto de publicadores fue de apenas 1,4 millones. Es decir, más de 1,5 millones de personas dejaron de figurar como testigos activos en solo diez años, una fuga que solo se explica parcialmente por fallecimientos.
Los jóvenes, el eslabón más débil
El verdadero problema para los testigos de Jehová no está en captar nuevos miembros, sino en retener a los que nacieron dentro de la fe. Estudios del Pew Research Center han señalado repetidamente que esta religión presenta una de las tasas de retención más bajas entre los grupos cristianos: una parte significativa de quienes fueron criados como testigos de Jehová termina abandonando la organización siendo adultos jóvenes.
El fenómeno se enmarca en una tendencia mucho más amplia que atraviesa a toda América Latina. Pew Research documentó que en países como Colombia el 26% de los jóvenes de entre 18 y 34 años criados en el cristianismo hoy se declaran sin religión, frente a solo el 9% de los mayores de 50 años. Es una brecha generacional que se repite, con distinta intensidad, en Argentina, Chile, Brasil, Perú y México, donde el catolicismo pierde terreno y crecen tanto el protestantismo evangélico como los llamados “sin religión” (los “nones”). Los testigos de Jehová, al ser una religión minoritaria dentro de ese mismo ecosistema, no escapan a la corriente: compiten por generaciones más jóvenes que cuestionan cualquier estructura religiosa rígida, no solo la católica.
Internet, la puerta de salida
A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes que hoy crecen dentro de los testigos de Jehová tienen acceso inmediato a foros, videos y comunidades de exmiembros que exponen prácticas internas de la organización, algo impensable antes de la masificación de internet. Analistas del propio movimiento coinciden en que el cambio de tendencia en las estadísticas coincide, en el tiempo, con la llegada del acceso masivo a la información digital: cuestionar la doctrina ya no exige salir de la comunidad ni acceder a bibliotecas especializadas, basta con una búsqueda en el teléfono.
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El ostracismo, motor de la fuga silenciosa
Otro factor señalado una y otra vez por exmiembros y organizaciones de víctimas es la práctica del llamado “desasociamiento” o rechazo social hacia quienes deciden irse o son expulsados. Testimonios recogidos en España —donde un tribunal llegó a calificar a la organización de ejercer “control excesivo” sobre sus fieles y a reconocer a los exmiembros como “víctimas”— describen una ruptura total con familiares y amigos que continúan dentro de la fe. Este tipo de consecuencias sociales, ampliamente documentadas también en América Latina por asociaciones de extestigos, actúa como un freno para muchos jóvenes que dudan de la doctrina pero temen perder a su círculo más cercano; y, al mismo tiempo, como una herida que empuja a otros a romper definitivamente cuando finalmente se atreven a irse.
Una crisis regional, no solo religiosa
El fenómeno de los testigos de Jehová debe leerse dentro del mapa más amplio de la secularización juvenil en América Latina. Encuestas del Pew Research Center realizadas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú —que en conjunto agrupan cerca de 495 millones de personas, casi tres cuartas partes de la población regional— muestran que la proporción de católicos cayó más de nueve puntos porcentuales en la última década, mientras crecen tanto los evangélicos como quienes se declaran sin filiación religiosa. Ese reacomodo del mapa religioso latinoamericano no perdona a ningún grupo, y los testigos de Jehová, pese a su estructura fuertemente jerárquica y su histórico énfasis en la predicación puerta a puerta, sienten el impacto con particular fuerza entre sus generaciones más jóvenes.
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Lo que viene
Ni las estadísticas oficiales de la organización ni los estudios independientes permiten hablar todavía de un colapso numérico inmediato: los testigos de Jehová siguen siendo una de las minorías religiosas más numerosas y organizadas del mundo. Pero la combinación de bajísima retención juvenil, acceso a información crítica y un contexto regional de creciente secularización dibuja un escenario de desgaste sostenido, más que de crecimiento. Para una organización que basó su expansión histórica en el reclutamiento casa por casa y en la fidelidad intergeneracional, perder a sus propios jóvenes representa, a largo plazo, un desafío mucho mayor que cualquier caída en las estadísticas de conversión.
A continuación les dejamos este video para analizar esta crisis que viven los testigos de Jehová:















